Desde que el barco zarpó a la deriva, los infinitos meses fueron transcurridos en mis cabellos. La desolación, la ansiedad, la desidia se encontraban en mi cuerpo. Y mi corazón, presa del miedo y de la nostalgia, bailaba entre remordimientos a un triste compás, sin perder la esperanza de que algún día volviera.
Los años fueron tomando mi piel, y mi alma no lograba generar tranquilidad. Ya no le conocía, pues todo él sería distinto si volviera a verlo. Tan sólo en un diario logran esconderse mis pensamientos, los cuales nadie hallaría.
Tanto tiempo escuchando voces vacías, haciéndome a la idea de que por mucho que a la suya se pareciera, no sería ésta misma. Mi corazón quería resignarse, al igual que mi mente, pero mi rendición no se produciría debido a mis principios. "Nunca te rindas." era la frase que se localizaba en cada papel de mi diario, en cada suspiro de mis labios, en cada amanecer.
Me preguntaba si aún vivía, si aquello era un sueño. Si esa persona que me despertaba al atardecer sería aquella a la que tanto esperé. Quizás todo fuera una broma del destino, una cruel y pesada broma para poder caer en el olvido. Todas las dudas se fueron cuando sentí sus labios. Eran los suyos, lo sabía a ciencia cierta. Nadie podía besar con tanta ternura y emoción si no era él. Mis años de esfuerzo y lucha dieron fruto. Nada podía compararse con aquel momento... Eterno y puro, para siempre.

